132-2

La interrelación entre dos individuos autónomos, curiosos, creativos, con un pensamiento y actividad crítica y reflexiva del mundo, son los mejores remedios contra el aburrimiento.

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Los tres grandes automotivadores del ser humano son: valores, intereses y deseos.

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Una relación amorosa implica un cúmulo de sentimientos y actitudes entre los que permanecen más o menos constantes: preocupación por el otro, interés por su bienestar, ternura, cercanía, compromiso, responsabilidad, erotismo, intimidad, fidelidad a los acuerdos asumidos por los miembros de la pareja.

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Una distinción que debemos tener especialmente en cuenta son los “tiempos fuera”. A veces el silencio se utiliza para agredir o amenazar al otro miembro de la pareja. Cuando no pueden manejar la conversación, el conflicto o la pelea que están teniendo, suele suceder que uno de los dos deja de hablar, o se retira del espacio común sin tomar una posición clara acerca de lo que piensa hacer respecto al tema que los está ocupando. Esto es un motivo de conflicto bastante grave, en especial si se convierte en una costumbre para terminar las discusiones.

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El aburrimiento es un sentimiento difícil de definir, pero hay algo seguro, nos falta incertidumbre, y nos sobra seguridad, comodidad, conservación. El aburrimiento como la aventura, son maneras de enfrentar al tiempo. Es vivir la experiencia en tiempo presente como una experiencia sin valor, es un signo de peligro, de que algo anda mal en la relación.

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Lo cierto es que las traiciones destruyen el vínculo afectivo, las vías entre varias personas y el dolor de todo un proceso en desaparecer y convertirse en crecimiento.

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Una de las características de este tipo de vínculo es la dependencia entre ambos, y que entre más debilitados y sometidos se encuentren, es muy probable que vaya aumentando el deterioro, el cual puede expresarse en síntomas de enfermedades físicas.

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Se casó con una persona, durmió con ella muchos días, tal vez años, y ahora siente que no sabe quién es, que se quedó sin otro a quien querer, que ya nunca va a poder confiar en nadie, que nada tiene ni tuvo sentido. La desolación es infinita, es un dolor que le atraviesa toda la vida, también deja de confiar en su propia percepción “soy una estúpida, cómo no me di cuenta antes”, se le llena la cabeza y el alma de miles de preguntas que intentará arrancarle al otro y que, independientemente de lo que le conteste, nunca quedará satisfecha.

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Cuando la pareja decide institucionalizar su unión a través del trámite legal del matrimonio desde la inconsciencia de “así es la vida” o “toda pareja seria evoluciona hacia el casamiento, la casa propia (la camioneta y la mascota), los hijos y la familia”, es muy frecuente que ambos piensen que el otro está imaginando lo mismo que él para el futuro compartido y también que la promesa de exclusividad físico-erótica y afectiva es recíproca.

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Cuando estamos frente a un deterioro de la base misma de la familia: la crisis y el aburrimiento son dos polos que se convierten en las principales amenazas para la destrucción de una relación sólida de pareja y de la familia, en especial con hijos emocionalmente saludables.