El dilema del cambio* (la resistencia al cambio)

¿Te cuesta cambiar aquellos comportamientos que tú ya sabes que preferirías evitar porque te traen resultados desagradables y conocidos? Esta herramienta puede ayudarte a reflexionar un poco más y “desatorar” el problema.

 

Si bien cuando nos miramos al espejo nos parece que existimos de manera independiente, esto es sólo un espejismo, existimos como individuos y simultáneamente somos hijos, amigos, hermanos, pareja, trabajadores, jefes, vecinos, padres, abuelos, mujeres, hombres, deportistas, etc.

 

En cada uno de estos roles nos relacionamos con otras personas, que son afectadas por nuestro comportamiento y que a su vez nos afectan, influimos y nos influyen en mayor o menor medida. A cada uno de los grupos humanos que nos integramos le podemos llamar un “sistema”. Por ejemplo: una familia es un “sistema familiar”, una pareja es un “sistema de la pareja amoroso-erótica”, etc.

 

Cuando empezamos a sentirnos incómodos (nos duele o estresa) dentro de un sistema o en el vínculo que tenemos con algún miembro de él, nos preguntamos qué podríamos cambiar para que la sensación mejore.

 

A veces también pensamos que es el otro el que “debería” cambiar, pero este camino es siempre más doloroso y en general fracasa y nos frustra, las relaciones empeoran y nos sentimos peor.

 

Carecemos del poder de hacer cambiar a los demás como a nosotros nos gustaría que sean, y además tenemos el 100% del poder para realizar los cambios en nosotros mismos. Entonces ¿cómo realizar ese cambio?

 

El cambio nunca es una solución única a un problema único, sino un dilema a resolver. El cambio impone un precio, es decir, cuando nosotros cambiamos algo, simultáneamente cambiarán otras cosas y entonces surgirán interrogantes de cuáles serán las repercusiones para el resto del sistema. Cuando alguien hace un cambio entonces el sistema queda “fuera del comportamiento habitual” pues todos nos acostumbramos a que los demás, se comporten de acuerdo a determinadas costumbres.

 

La terapia familiar ha notado que las personas parecen aferrarse precisamente a aquellas conductas que las incapacitan y las hacen sufrir, así pues el propósito central consistirá en encontrar caminos hacia nuevas relaciones prestando fundamental atención a las conexiones entre las personas.

 

La cuestión principal nunca es como eliminar el problema, sino:

  • ¿Qué sucederá si se lo elimina?
  • ¿Cómo funcionará la familia (o la pareja o cualquier otro sistema) sin ese problema?
  • ¿Qué precio se deberá pagar para su eliminación?
  • ¿Quién habrá de pagarlo?
  • ¿Si vale la pena hacerlo?

 

Las conductas en cada familia son gobernados por un grupo de creencias (sus verdades) que se compone de una combinación de: actitudes, supuestos básicos, expectativas, prejuicios, convicciones e ideas. Estos elementos se dan a partir de las premisas y pautas de las familias de origen. Entonces se determinan los principales conflictos y comienza la negociación del cambio.

 

Se necesitan conocer las respuestas a preguntas tales como:

  1. ¿Por qué presenta la familia este problema particular en este preciso momento?
  2. ¿Cuáles son los hechos y conductas que han precipitado el problema?
  3. ¿Qué está pasando ahora que lo está manteniendo?
  4. ¿Cómo ha ido cambiando esto en el tiempo?
  5. ¿Cómo se ha modificado el método de la familia para hacer frente al problema?
  6. ¿Qué le sucederá a la familia en el futuro si el problema subsiste?

 

Cuando ya hayas reflexionado sobre estas preguntas puedes hacer una tabla cómo la siguiente:

[column-group]
[column]Qué gano cambiando

  1. [/column]

[column]Qué pierdo cambiando

  1. [/column]
    [/column-group]

Del lado izquierdo haces la lista de todo lo que ganas haciendo el cambio que te propones, tan larga como puedas y del lado derecho todo lo que crees que podrías perder.

 

Cuando termines de hacerte estas preguntas tendrás mucha más claridad para tomar las decisiones que creas que son buenas para ti.

 

*Ver más en Papp, P. “El proceso del cambio”. Paidós