Moda y Adicción Sexual

Desde la publicación y publicidad de que el jugador de golf Tiger Woods declaró que sufría de “adicción al sexo” el tema se puso de moda. Las clínicas especializadas comenzaron a recibir muchas más solicitudes que las acostumbradas y muchos hombres –más que mujeres- comenzaron a declarar ser víctimas de este problema.

 

Como toda moda, tiene efectos positivos y otros más dudosos en la sociedad. Por un lado sirve para que las personas con una actividad sexual frecuente se pregunten acerca de lo psicológicamente sano o saludable de su deseo erótico, y por el otro se puede esperar que algunas personas se declaren “adictos” sólo para justificar la falta de fidelidad a los acuerdos que tienen con sus parejas amoroso-eróticas. Esto sólo por mencionar dos de los efectos inmediatos que este evento está causando en la sociedad, aunque se podrían mencionar varios más.

 

¿Adicción sexual?

Hasta hace poco tiempo hubiera sido inconcebible esta frase, pues el tema de la sexualidad se discutía en los terrenos de la biología o de las relaciones humanas. Ahora se discute en el campo de las adicciones, que finalmente es una referencia a la “patología” psicológica individual vinculada al mercado de consumo.

 

Hay muchas maneras de explicar esto, pero en este artículo sólo mencionaré que ello se debe a que el sexo se ha convertido en un artículo más de consumo. El sexo y la sexualidad, la cual sólo adquiere un sentido y significado específico en cada sociedad y en cada momento histórico, se han transformado, a través de la moda, la publicidad y la política en un producto que se compra y se vende en el mercado, al igual que el alcohol, los cigarros, las drogas ilegales, la comida o las tarjetas de créditos. Ello ha permitido darle el mismo tratamiento que a cualquier producto, por ejemplo se venden automóviles, mostrándolos como “apetecible o deseable” porque lo maneja una mujer o un hombre provocativos y con una expresión de gran apetito sexual. Creo innecesario mencionar más ejemplos, esto da como resultado un ambiente social sobre-erotizado, donde la persona que se siente poco o nada estimulada por toda esta publicidad se pregunta si acaso ella no estará demasiado reprimida sexualmente.

 

Entonces, ¿cómo distinguir si “estamos reprimidos”, “somos normales”, “tenemos una libido muy estimulada” o “somos adictos sexuales”?

 

El sentimiento de estar enamorado se vive como una experiencia de cambio, de renovación, de creatividad, de fantasía, de bondad. Los enamorados transfiguran la visión que tienen de sí mismos y del mundo. Supone la unión de dos seres donde se borran las diferencias entre el si-mismo y el otro, se comparte el mundo, se es transparente, seguro, armónico, total, crean una geografía única y de dos.

 

En el enamoramiento se dan procesos psicológicos que pueden ser descritos como fusión de dos personas: ven, piensan, sienten lo mismo y hacen evaluaciones tan particulares de la realidad en la que viven, que en otro contexto podrían ser definidos como trastornos mentales.

 

Como este artículo es sobre adicción voy a exponer un criterio muy fácil para que cada quien pueda determinar cuándo sí es adicción: Lo que define una adicción es que se siente una compulsión (impulso inconciente irrefrenable) de consumir “algo externo” (sea cualquier tipo de producto o servicio) con el único propósito de “evadir” un estado de ánimo que nos resulta desagradable. Si una vez consumido, sentimos alivio y al menos por un tiempito nos “sentimos bien”, entonces, es probable que la próxima vez que estemos angustiados, o enojados, o ansiosos, o estresados de alguna manera, tengamos el impulso de volver a consumir aquel producto que nos dio un alivio aunque sea pasajero. Es decir, es importante determinar desde donde busco la actividad sexual, si es para distraerme por un rato de algún problema que “me tiene atrapado, me angustia y no se qué hacer”, y esto sucede de manera repetida, entonces es probable que estemos frente a una conducta adictiva.

 

Las adicciones son incurables porque nunca fueron el problema.

 

Las adicciones son el resultado de otro problema. ¿De cuál?, bueno, los orígenes pueden ser múltiples, sin embargo podemos suponer que la gran mayoría de las dificultades que se nos presentan en la vida tienen un factor común: La escasez de recursos o habilidades mentales, emocionales o conductuales. Es decir, me siento mal, en cualquiera de sus formas, y no sé cómo pensar el problema que me aqueja, o no sé cómo cambiar mi estado de ánimo o no sé qué hacer para cambiar mis resultados.

 

Cuando se reflexiona y se “trata” el problema de fondo y a su vez ampliamos la cantidad de recursos, habilidades, creencias, estrategias, herramientas, etc. con las cuales ir resolviendo los inconvenientes que se presentan en nuestra vida, entonces es muy probable que la adicción se disuelva. En aquellos casos en que la adicción haya afectado el funcionamiento biológico de nuestro cuerpo, será necesario también ocuparnos de una desintoxicación adecuada a cada caso.

 

Desde esta manera de mirar la “adicción sexual”, podemos aseverar que sí se puede disolver cuando localizamos cuál es el o los orígenes de la falta de recursos y habilidades personales y realizamos el tratamiento adecuado para superarlos.

 

Si tienes dudas al respecto, busca ayuda, sí existen respuestas y tratamientos exitosos para estos problemas.

 

Es importante determinar desde dónde busco la actividad sexual: si es para distraerme por un rato de algún problema que “me tiene atrapado, me angustia y no se qué hacer”, y si esto sucede de manera repetida, entonces es probable que estemos frente a una conducta adictiva.