Relaciones Abiertas.

Relaciones Abiertas. Desafíos y Realidades de los Amantes. Nilda Chiaraviglio.

¿Qué es una relación abierta?

Dos amantes que tienen más amantes. Es más que un simple acuerdo. Es necesario un proceso con pasos intermedios y progresivos para hacer que cada uno se vaya aclimatando a los términos de la relación.

Es importante volver a pensar sobre el contenido peyorativo qué tiene la palabra amante, generalmente se la vinculan al adulterio.  Aquí la voy a usar para designar aquellas relaciones qué son de tipo sexual y afectivo. 

Cuando los amantes se multiplican, los conflictos de esas relaciones también se hacen más complejos. Es necesario establecer acuerdos explícitos y por lo tanto hablar y comunicarse. Hablar de lo que sentimos es algo poco frecuente y dificultoso (a veces ni siquiera lo sabemos nosotros mismos, o sentimos de manera contradictoria), y comunicarse es todavía mucho más difícil, pues estamos acostumbrados a formas de diálogos donde las partes se defienden (quien sabe de qué, pero parecería que tenemos enfrente a un enemigo, en vez de a nuestro amante) en vez de escucharse con curiosidad. 

Si lograr que funcione una relación de pareja entre dos personas es esfuerzo, entonces una relación abierta cuesta mucho más trabajo que una relación monógama. Son más difíciles, pero también posibles. Para ello es necesario reflexionar acerca del concepto de amor y de relación de pareja amorosa erótica y por lo tanto en esa reflexión encontraremos la manera de superar los miedos, el control, la fantasía de la seguridad y aprenderemos a amar como una capacidad que se desarrolla al infinito. Amar en libertad y responsabilidad primero para con nuestro propio bienestar y luego aprender a compartirlo con nuestros amantes. 

Existen temas ineludibles: la honestidad versus la privacidad, las expectativas de cada quien, los celos, las jerarquías, la duración de las relaciones, entre otros.

Honestidad: Lo primero que hay que aclarar, es que la honestidad nunca significa transparencia, la transparencia no solo es imposible, sino que generalmente es destructiva y pertenece a un valor que se incorpora en la sociedad norteamericana a principios del siglo XVIII, por la necesidad de mantener cohesionada la unidad de consumo familiar.

Honestidad significa compartir lo que para cada quien es verdadero, reservándose el espacio de privacidad. El ser humano tiene tres tipos de vida, uno es el público y es lo que contamos de nosotros mismos a la gente en general, el otro es el privado qué es lo que compartimos con toda nuestra gente querida, y el otro es el interno; adentro nuestro es difícil que todo sea congruencia, en general hay contradicciones, complejidades, caos, por qué todo parece estar desarreglado, es un rompecabezas que todavía no se arma, queremos adelgazar pero comemos, queremos dejar de fumar pero compramos una cajetilla de cigarrillos y así muchas otras cosas, esta parte, la parte que internamente se está procesando dentro de nuestro camino de evolución como ser humano, es inadecuado compartirlo con absolutamente nadie porque sólo genera el desconcierto y la perspicacia del que nos está escuchando.

El pensamiento monogámico desincentiva la conducta honesta, porque todo aquel sentimiento que no coincida con el “amor romántico” se interpreta como una forma de desamor. El nivel de honestidad que requieren las relaciones abiertas es necesario acordarla entre todas las partes, hay que tener claridad en cuánto queremos preguntar y qué queremos escuchar y la primera honestidad es con nosotros mismos, nunca debemos preguntar si no estamos dispuestos a escuchar una respuesta verdadera. Y también tener claro qué queremos compartir cuidando nuestra privacidad.

Parece fácil pedir o decir que damos honestidad, pero en realidad estamos construidos en el pensamiento monogámico, en la deshonestidad, la vergüenza, los miedos, las culpas, y todos estos elementos son difíciles de cambiar. Al pensar en el nivel de confianza necesaria que se necesita como antecedente de la honestidad, se debe tener presente que la confianza ni se da, ni se pide, ni se compra en la farmacia, la confianza se construye dentro de los vínculos de las relaciones entre las personas, entonces es difícil determinar qué nivel de honestidad corresponde a cada nivel de confianza que se va construyendo. Todo es un equilibrio dinámico, siempre en transformación y con reajustes.

También es importante tener claro que decir “no te lo quiero contar” porque no tengo suficiente confianza en mi relación contigo, eso, también es honestidad y por lo tanto es preferible no involucrarte con nadie en que no puedas confiar en que compartir tus verdades podrían ser escuchadas sin necesidad de defenderse.

Aunque las relaciones sexo-afectivas sean entre varias personas, hay una parte de esas relaciones que son estrictamente biunívocas, porque cada relación saca de nosotros a una persona única, irrepetible y por lo tanto tiene sus características propias, sus secretos, sus bromas y un lenguaje y detalles absolutamente privados.

Aquí es necesario agregar que si el concepto de amor es el que proviene del pensamiento monogámico, es decir, que el amor es finito abstracto y natural, entonces es mejor ser más privado que abierto porque pueden desatar sentimientos muy difíciles de manejar y contradictorios, como celos, miedo al abandono, envidias, etc. En cambio, si ya se reflexionó y se decidió cambiar hacia el concepto de amor como un verbo y por lo tanto como una capacidad que se desarrolla con la práctica del mismo, es probable que los amantes puedan ser felices con tu felicidad, es decir, disfrutar de tu bienestar con el nivel de detalles que tú les quieras compartir y ellos escuchar.

 Expectativas: cuando una persona está iniciando una relación se forma una idea, una expectativa, de qué quiere desarrollar en esa interacción. Lo importante es tener lo más claro posible cuáles son nuestras necesidades, deseos, valores e intereses de vida, lo que le ofrecemos y demandamos a las otras personas, cuáles son nuestros proyectos personales y cuáles nos gustaría compartir, cuáles son nuestros amigos, familias y economía y finanzas que nos interesa que conozcan, y también que es lo que no pueden esperar que nosotros les procuremos.

Pero aun cuando todo esto parezca claro adentro nuestro al comenzar a relacionarnos, es igualmente factible que se modifiquen en el trascurso de las interaccionen con las otras personas y amantes. Estamos mal- educados en pretender sentirnos “seguros” dentro de las relaciones, y si en las relaciones monogámicas eso es imposible, en las relaciones abiertas es peor. 

El ser humano es inmanentemente incierto, las únicas certezas en su vida es que nacimos y que nos vamos a morir. El resto de la vida es realmente incierto. Por lo tanto, como el que ama es el ser humano, el “amor es incierto y como tal, riesgoso”. Y ello es maravilloso, porque son estas características precisamente las que nos hacen cuidar y desarrollar diariamente nuestros vínculos amorosos.

El pensamiento monogámico pretende hacernos sentir esa “seguridad” a base de prohibiciones, jerarquías, exclusiones, competencias, estereotipos construidos a partir de lo bello – lo bueno – y lo verdadero (publicidad, moda y política: las tres columnas que componen a la cultura). Pero en realidad genera la violencia, los celos, los controles, las envidias y los miedos al abandono, entre otros sentimientos limitantes de la evolución del ser humano. Es decir, el precio de esa “seguridad” contranatura es la insatisfacción crónica que lleva a las personas a volcarse hacia el consumo.

El consumo de productos, de cuerpos y de sexo para atrapar la felicidad a través de ello y en realidad lo que se obtiene son vidas miserables que sólo sirven para sufrir. Por ello es que si “se abren” las relaciones o se fantasea con el Poliamor, sin cambiar el concepto de amor y de relación de pareja, sólo se obtienen más cadáveres emocionales que con el modelo monogámico. 

El autocuidado y respeto de las expectativas personales frente al desafío que implica abrir una relación de pareja siempre se vuelve prioritario, porque en nuestro sistema de creencias, que le hemos comprado al sistema monogámico, pueden aparecer al menos por momentos, la fantasía de que hay “algún otro” o “algunos otros” que nos darán esa seguridad de tener el cuidado y la protección que todos necesitamos y que pareciera que surge de la exclusividad de la relación. Nunca se tratará de cambiar o negar nuestras necesidades porque la otra persona tal vez ya lo hizo, aunque sea acerca en algún área de la relación.

Celos: Los celos son la enfermedad de la certidumbre. Por lo tanto, sólo la incertidumbre mata los celos. Se necesita regular la distancia, un equilibrio entre la cercanía y la distancia buena para ambos. Los celos lo hacen mediante una vigilancia de tipo policial donde se administran posesiones, estimulan la dependencia y el miedo hacia el otro. Nunca son signos de amor, provienen de problemas acerca del “tener o no tener”.

Hoy en día, que nuestra memoria es externa en gran medida (celulares, computadoras, etc.) es más fácil la vigilancia y el control. Los celos suponen una bifurcación en el camino de la pareja, o se separan o se recupera la situación del amor, aclarando los términos del contrato y de los acuerdos. Si pretendemos relaciones amoroso-eróticas, libres y plenas, profundas y flexibles, de parejos y cómplices, será menester fomentar las cualidades que hacen que funcionen las amistades nutritivas y de largo plazo, tales como la ausencia de juicios y la escucha curiosa y respetuosa de todas las partes.

Es importante distinguir entre emociones distintas aunque a todas se les llame celos, por ejemplo, cuando nos incomoda que nuestro amante mire con deseo a otra persona, a eso se le llama envidia y se soluciona trabajando sobre el autoconcepto y la autoimagen; o cuando nos atemoriza el hecho de que si sale con otra persona, ya no va a regresar, a eso se le podría llamar miedo al abandono y se resuelve con el cultivo de la autoprotección y el autocuidado; o cuando pretendemos que nuestro amante debería pensar, sentir o actuar como a nosotros nos parece correcto, eso tiene que ver con el sentido de propiedad privada, con la sensación de que es nuestro amante. Entonces, el primer paso es identificar cuales son las emociones que nos embargan para darnos la posibilidad de respetarlas y de reflexionar acerca de la emoción que nos aqueja.

El siguiente paso es poder comunicarle a tu amante lo que sientes de tal forma que pueda ser escuchado por el otro. Callar o negarte la realidad a través de no escuchar nada, es un autoengaño que te llevará a un círculo vicioso de autodestrucción. Entonces te pierdes de la alegría y bienestar de tu amante, que sólo mejoraría y nutriría su relación contigo.

A veces se confunde con celos un sentimiento de desconfianza hacia el amante, desconfiamos de su conducta, pues nos parece que nos está ocultando información que puede ser importante para nosotros, para la toma de nuestras decisiones. Este es el momento de abrir conversaciones hacia adentro de nosotros mismos y también hacia afuera. Pues es hora de examinar qué está pasando en la relación. Cómo se produjo la desconexión entre las partes, cómo desapareció la confianza, la complicidad, la entrega, etc. ¿o acaso hay alguna creencia o idea que con una sola persona vas a satisfacer TODAS tus inquietudes, necesidades, aspiraciones, etc.? 

Compartir relaciones amoroso-eróticas entre dos amantes, nunca tiene que ver con competir con otras personas o tratarnos como enemigos. Pero si pretendemos estar con más amantes todo eso se hace más delicado y hay que extremar los autocuidados, los autorespetos y también los de los demás. Vincularse desde el amor y el deseo compartidos podría asegurar el desarrollo de relaciones de autosanación y evolución del ser humano en todas las partes que intervienen en las relaciones, para ello hay que tener claro “para qué es nutritivo para mí compartir mi vida con los demás”.  

Es muy importante “disfrutar lo que hay”, cada amante tiene algo especialmente valioso para nosotros como para poder disfrutarlo y nutrirnos de esa característica de ellos, y si además lo expresamos esas características se expandirán. En cambio, si estamos enfocados en lo que nos falta, y eso que necesitamos pretendemos que nos lo dé el otro, es probable que ni siquiera tenga de eso que le estamos pidiendo. Entonces se generará una tensión muy difícil de superar, porque por un lado nosotros nos sentiremos irresponsables de nuestro bienestar y sentiremos impotencia y por el otro lado nuestro amante sentirá que es insuficiente para nosotros y que entonces ni para que se esfuerza si lo que nos da no lo disfrutamos.

También hay que elegir los momentos adecuados para la incorporación de otros amantes, pues cuando estamos pasando por momentos de alta vulnerabilidad por las distintas circunstancias que acontecen en nuestra vida (enfermedades, defunciones, embarazos, perdidas laborales o económicas, etc.), es probable que necesitemos más cercanía y contención de nuestros amantes, en vez de dispersión y distancias. Uno de los ataques habituales desde la sociedad, es que hay poca comprensión y mucho rechazo a las “relaciones abiertas” porque sin que sea su objetivo está cuestionando las relaciones monogámicas. A veces hay que ocultarlas en los ambientes laborales y sociales, sólo eso puede aumentar mucho nuestra vulnerabilidad y tendremos que aprender a manejar este equilibrio entre honestidad y privacidad.

Jerarquías: las herramientas básicas del pensamiento monogámico son las jerarquías, la exclusión, la confrontación y la competitividad, la obligatoriedad de la práctica, la desaparición de las opciones, la naturalización de la violencia, la individuación y con ella, la soledad. 

La relación de pareja se construye desde la jerarquía, la fidelidad, la identidad, y de allí se posibilita la infidelidad y el adulterio (lo no exclusivo) que conlleva entonces a las traiciones – celos – violencia – control – miedos y penalizaciones. También se espera que esa relación sea reproductiva, es decir, heterosexual y exclusiva, desde la superioridad y la competencia.

Este tipo de pensamiento monogámico suele influir directamente en las relaciones abiertas para que tengan la misma interacción. Es decir, que se establezcan desde una relación principal y otras secundarias. Esto solo significa la existencia de competencias y maltratos entre los amantes y las demás consecuencias recién mencionadas. Por eso digo que si no se reflexiona sobre el concepto de amor y de relación de pareja y por lo tanto se modifican radicalmente el tipo de interacciones entre las partes, es simplemente aumentar la cantidad de problemas que teníamos entre dos, ahora a más personas-amantes.

Es posible que los distintos amantes tengan diferentes niveles de reflexión y trabajo interior, entonces pude pasar que alguno de ellos se sienta irremediablemente incómodo con las múltiples relaciones y decida retirarse de ellas. Las relaciones abiertas también se acaban, solo que si se construyó suficientemente nutritiva para todos, es probable que se conviertan en relaciones de amistad finamente ligadas por un tipo de amor solidario diferente.

Los sentimientos que emergen de las relaciones abiertas tienen unas características diferentes a las monogámicas. Por ejemplo: la duda existencial de si mi amante está conmigo por libre elección porque me ama o porque las reglas monogámicas le impiden irse, desaparece. Entonces surge la alegría y la confianza fruto de la certeza de que está contigo sólo porque así lo desea y decide. También porque la capacidad de amar crece dentro de nosotros mismos y eso se siente como la expansión del alma y la evolución de nuestro ser cuando desafiamos las limitaciones y rigideces de la dominación y coerción del pensamiento monogámico y enfrentamos la complejidad.

Cuando desarrollamos nuestro erotismo a partir de la sexualidad consciente y responsable, encontramos una motivación extraordinaria para convertir nuestras relaciones amoroso-eróticas en una fuente de nutrición y elevación del éxtasis. La creencia a partir del pensamiento monogámico es “yo te voy a dar placer a ti, olvidándome y vaciándome de mí”, que desde esta otra forma de amar se convierte en “yo me hago responsable de mi erotismo, me lleno de mí mismo y me fascina compartirlo contigo, que haces lo mismo que yo”. Construye toda una diferencia compartir “llenos” que compartir “vacíos”.

Cuando los amantes comparten sus éxtasis individuales, la fuerza creativa del ser humano llega a sus más altos niveles de felicidad.

Este artículo está inspirado en “Textos contra la monogamia” de Distribuidora Peligrosidad Social